Finlandia ultima la puesta en marcha del primer almacén geológico profundo del mundo para residuos de fisión nuclear, una infraestructura diseñada para aislar residuos radiactivos durante hasta 100.000 años.
Onkalo es el primer centro del mundo destinado al almacenamiento geológico profundo y definitivo de residuos radiaoctivos, un almacén nuclear permanente que recibirá residuos de las centrales nucleares finlandesas en la isla de Olkiluoto, en la costa oeste de Finlandia. Está concebido para operar durante aproximadamente un siglo y, después, permanecer sellado, mientras, los residuos quedarán allí aislados durante miles de años. Los modelos de seguridad del proyecto extienden ese horizonte hasta 100.000 años.
Tras décadas de obras, excavaciones y ensayos, y después de haber levantado uno de los sistemas de túneles artificiales más complejos concebidos para este fin, la primera instalación del mundo pensada para el confinamiento permanente de combustible nuclear gastado se encuentra en la fase final previa a la operativa. El proyecto de licenciamiento ha avanzado, aunque todavía ha afrontado demoras regulatorias en 2026, lo que aconseja formular con prudencia cualquier referencia a una entrada inmediata en funcionamiento.
Proximidad nuclear
La localidad más cercana es Eurajoki, municipio donde se sitúa Olkiluoto, y todo el complejo se levanta junto a una de las principales áreas nucleares del país. El emplazamiento fue elegido por la estabilidad de su roca madre y por su bajo riesgo sísmico, en un lecho rocoso muy antiguo que, según Posiva y el OIEA, ofrece condiciones favorables para el aislamiento a largo plazo de residuos de alta actividad.
Para ser precisos, el repositorio se construye a unos 400-430 metros de profundidad, aunque algunas referencias técnicas sitúan puntos de la instalación en torno a los 450-455 metros. El sistema se basa en un principio de barreras múltiples: el combustible gastado se encapsulará, se rodeará con arcilla bentonítica y quedará finalmente confinado en la roca, dentro de galerías excavadas en formaciones geológicas estables.
¿Eliminación definitiva?
La cuestión es que, con esta “eliminación definitiva”, como la denomina Posiva, la empresa que ha ideado y desarrollado esta solución sostiene que se trata de un caso pionero para la gestión de residuos radiactivos en el mundo. Su argumento es que estos materiales pueden gestionarse con mayor seguridad en un almacenamiento geológico profundo que en instalaciones situadas en superficie, más expuestas al deterioro, a accidentes o a crisis políticas de larga duración.
Mediante maquinaria no tripulada en una planta de encapsulado cercana, las barras de combustible se sellarán en contenedores y se enterrarán en túneles a más de 400 metros de profundidad, rodeadas de bentonita, una arcilla que absorberá el agua y actuará como amortiguador protector. Todo el diseño está pensado para minimizar la exposición humana y reforzar la integridad del sistema durante escalas temporales extraordinariamente largas.
Vídeo del proceso
La mirada del arte sobre residuos que sobrevivirán a la era atómica
Uno de los desafíos más singulares que ha suscitado Onkalo no es solo tecnológico, sino semiótico, cultural y casi antropológico. ¿Cómo dejar señales permanentes sobre la peligrosidad del depósito geológico para un periodo de decenas de miles de años y proteger así a generaciones futuras que quizá ya no conserven memoria alguna de la era atómica?
En finés, Onkalo significa algo próximo a “oculto” o “cavidad”, y ese nombre parece condensar buena parte de su paradoja: esconder para proteger, enterrar para aislar, borrar de la superficie algo que, sin embargo, exige ser recordado durante milenios. El problema es que nadie puede garantizar qué códigos, lenguas o símbolos seguirán siendo inteligibles dentro de 10.000 o 100.000 años. O si los seres humanos ya no existan. O cómo advertir a posibles visitantes extraterrestres del futuro.
Reflejo del Antropoceno
La directora artística de la Bienal Climática, Amanda Masha Caminals, ha abordado esta cuestión al relacionar Onkalo con el patrimonio, la cultura digital y la emergencia climática, en una ponencia organizada por Futura Cultura Lab. En ese marco, la instalación “Pasillo 1: Onkalo” convierte el depósito finlandés en un dispositivo de reflexión sobre la memoria del peligro, la transmisión del riesgo y el tipo de legado material que puede dejar una civilización en crisis.

Amanda Masha en las II Jornadas de pensamiento de Futura Cultura Lab
Onkalo, en este sentido, deja de ser solo una proeza de ingeniería y pasa a formar parte de una cartografía crítica de las infraestructuras extremas del Antropoceno. El depósito plantea un dilema existencial de gran alcance: cómo advertir a sociedades futuras, quizá posteriores a un colapso civilizatorio, de una amenaza invisible que seguirá activa mucho después de nuestra desaparición.
La pregunta de fondo es tan técnica como filosófica: ¿Qué patrimonio dejaremos después del colapso?, ¿qué quedará de nosotros? Una de las respuestas posibles, incómoda pero verosímil, ya está escrita bajo tierra en Finlandia: residuos radiactivos encapsulados para sobrevivir a nuestra historia.
Alejandro Sacristán
