En el marco de las elecciones generales españolas en 2026 David Vivancos plantea una legislatura para transformar la Administración, desarrollar capacidad tecnológica propia y preparar el Trabajo para la automatización. Su plan abre una discusión que atraviesa esta nueva etapa de La Voz de la Ciencia: quién decide el futuro tecnológico y a quién beneficia.
La inteligencia artificial ya forma parte de nuestra vida cotidiana, pero su incorporación al debate político suele reducirse a promesas de modernización o advertencias sobre el empleo, en ocasiones muy vagas, como para cubrir el expediente. Falta discutir cómo queremos organizar una sociedad en la que las máquinas asumen cada vez más tareas intelectuales y físicas, cuidando las personas en el proceso, sobre todo a las más vulnerables. Y por supuesto, cómo conseguir que esa capacidad amplíe el bienestar y la autonomía de las personas.
En España tiene 48 meses, David Vivancos propone convertir esa discusión en una agenda para la próxima legislatura. Presentada con motivo de las elecciones generales del 29 de noviembre de 2026, la iniciativa no pide el voto para ningún partido: interpela a quienes aspiran a gobernar. Su premisa es que cuatro años pueden resultar decisivos para desarrollar capacidades propias de inteligencia artificial y robótica, en lugar de depender de las que otros diseñan, venden y controlan.
David Vivancos introduce su agenda diciendo: “48 meses es lo que dura la próxima legislatura. Como llevo tiempo diciendo, un mes es como un año de los de «antes», y está acelerándose. Estados Unidos y China crean centros de datos, chips de IA, modelos y fábricas de humanoides. Aquí, seis votos tumbaron el decreto de vivienda y, gracias a ellos, ahora podemos volver a decidir: no solo quién gobierna, sino cómo y a qué velocidad. Este es mi plan para que España no se quede fuera, del primer día al último de la legislatura”.
El plazo es la apuesta política del autor. Sirve para formular una pregunta pertinente: ¿qué tendría que empezar a hacer un Gobierno desde su primer día para que la transformación tecnológica mejore la vida de la mayoría, para recuperar, al menos en cierta medida, el bien común?
De la Artificiología a la Artificracia
Vivancos desarrolla en Artificracia: Cuando las máquinas son ciudadanos (2025) un horizonte de convivencia y gobierno compartido entre personas y sistemas artificiales. Un antecedente es su manifiesto de Artificiología, fechado en septiembre de 2024, donde propone estudiar cómo podrían evolucionar las máquinas con creciente autonomía: aprender, modificar su arquitectura, cooperar y, eventualmente, desarrollar formas de conciencia.

David Vivancos en charla magistral en el evento ¿De quién es la inteligencia? Copyright, soberanía y gobernanza de la IA
Son escenarios de investigación y prospectiva incluyendo la dinámica de la conjetura propia de esta disciplina. El propio manifiesto plantea seguridad y políticas anticipatorias: su orientación favorable a acelerar el desarrollo tecnológico convive con preguntas sobre cómo gestionar sus consecuencias en las sociedades humanas.
El plan español intenta traducir ese horizonte a decisiones de gobierno. Lo organiza en tres tramos: los primeros cien días, el primer año y el resto de la legislatura.
Cien días para abrir los algoritmos y simplificar la vida
Entre las primeras medidas figura una responsabilidad política única para gestionar la IA y la robótica, con rango de vicepresidencia, presupuesto y seguimiento público. Un solo mando para la IA y la robótica. A ella se suman actuaciones que acercan el debate a problemas cotidianos. La IA y la robótica en estos 4 años que vienen irán convergiendo en la IA física, robots dotados de modelos de mundo y grandes modelos de lenguaje que posiblemente convivirán con nosotros en las fábricas, las casas o las calles.
Una de las medidas propuestas es publicar el código, la lógica y los datos de prueba de los sistemas que conceden, deniegan o priorizan derechos, con registro público y auditorías independientes, con transparencia total. Otra consiste en ofrecer de oficio prestaciones como el Ingreso Mínimo Vital o el bono social a quienes cumplan los requisitos, utilizando información que la Administración ya posee.
También propone verificadores abiertos para agilizar licencias de obra y una revisión de los permisos de conexión de centros de datos que priorice proyectos capaces de ofrecer cómputo a universidades, industria y Estado. En materia migratoria, plantea sensores y herramientas de IA para detección, rescate y registro, junto con tramitación del asilo asistida por IA y decisión humana.
Esta última aplicación exige especial atención: la eficiencia administrativa debe poder evaluarse junto al respeto al asilo, la privacidad y las garantías frente a errores. Medir mejor no equivale, por sí mismo, a gobernar mejor.
Trabajo, chips y capacidad pública
Una de las propuestas más singulares es crear centros de teleoperación y entrenamiento de robots, empezando por la España vaciada. La idea es que personas ubicadas aquí manejen máquinas a distancia y les enseñen tareas, abriendo nuevas actividades profesionales fuera de los grandes núcleos urbanos.
El planteamiento contiene una tensión que merece debate: ese trabajo contribuye a automatizar las tareas que lo sostienen. Vivancos propone una transición posterior hacia la instalación, fabricación y mantenimiento de robots. Para que funcione como mejora social necesitará formación, condiciones laborales dignas y oportunidades reales de continuidad.
Durante el primer año, el plan prioriza cómputo propio, diseño de chips, modelos abiertos para servicios públicos y una red de sensores con un gemelo digital del territorio. En sanidad propone IA validada para cribados y diagnóstico por imagen, además de reducir carga documental. En educación remite a la hoja de ruta del Observatorio EducAcción y a la formación docente.
La capacidad tecnológica propia puede reducir dependencias. Su valor colectivo dependerá también del acceso: qué recursos podrán utilizar investigadores, pequeñas empresas y comunidades, y bajo qué condiciones.
La propuesta más potente: IA al frente de ministerios
Para el final de la legislatura, Vivancos plantea reindustrialización robótica, fabricación de humanoides y una reforma legal que permita situar IA al frente de la mitad de los ministerios. Cada una tendría un responsable humano que firmaría, respondería ante el Congreso y podría vetar sus decisiones.
El plan añade la verificación entre sistemas distintos, la posibilidad de revisión humana, transparencia y participación ciudadana continua. En este particular la propuesta de Vivancos es que: “Cualquier persona aporta cuando quiere, una IA mediadora agrupa y sintetiza las propuestas, y cada decisión importante va acompañada de un informe de minoría. Se estrena con la vivienda. El voto sigue existiendo; pero deja de ser el único momento en que la ciudadanía cuenta”.
Una cuestión central es quién fija los objetivos, elige los sistemas y puede corregirlos. Un gobierno asistido por IA y uno que delega autoridad en ella implican relaciones de poder diferentes. Entre las garantías que señala Vivancos está el apartado de “Lo que nunca se delega: Ir deprisa no es ir a ciegas. Una IA mal gobernada puede hacer más daño que una burocracia lenta”. Hay siete límites salen del capítulo 17 de su libro Artificracia, y mientras sean posibles hay que implementarlos.
Acelerar hacia un futuro que merezca la pena
Esta propuesta conecta con los interrogantes que queremos explorar alrededor de El Día de la IA. La imaginación tecnológica puede ayudarnos a construir alternativas, siempre que examinemos las condiciones materiales y políticas para hacerlas posibles.
Al plan le queda por desarrollar cómo se financiaría esa transición, cómo se repartirían sus beneficios y qué límites energéticos, hídricos y materiales tendría. También cómo evitar que una infraestructura aparentemente soberana reproduzca la dependencia de unas pocas plataformas o concentre el poder dentro del propio Estado.
Su interés está en poner decisiones concretas sobre la mesa. Podemos discutir sus plazos y cuestionar sus soluciones mientras exigimos que la tecnología y la ciencia ocupe un lugar sustantivo en la política. El criterio para valorar el avance será si permite vivir mejor, cooperar más y decidir con mayor libertad a todos y todas.
David Vivancos finaliza su Plan con una exhortación: “Vota el 29. Exige el 30. El 30 de noviembre empieza a correr el reloj: 48 meses. No pido tu voto. Pido que, gane quien gane, el próximo Gobierno decida a la vista de todos, con datos y con fecha de revisión, y que España llegue a 2030 fabricando chips y humanoides, no mirando cómo otros los fabrican”.

David Vivancos en Ars Electronica, Linz.
